El que pregunte quién es la más grande no debería seguir leyendo. Su nombre es Madonna, la polémica, la transgresora, la provocadora, la bisexual, la madre, la cantante, la actriz y ahora... la estudiosa de la Cábala y la que se crucifica así misma después de cada concierto. Eso sí, en una cruz de Swarovski. ¿Cómo iba ella a crucificarse en una cruz de madera?
Pues bien, yo puedo contar que la vi, que la tuve a menos de medio metro en una calle estrecha del centro de Praga, en la puerta misma de la sinagoga en activo más antigua de Europa.
Me faltó salir corriendo y llamarla a voz en grito. ¿O no me faltó?